Quedar con Leo me sienta bien...
Además de que siempre me cuenta alguna aventura, y últimamente alguna pena también (siempre con mucho humor, porque él no podría hacerlo de otra manera) y así me distrae de las mías, es alguien con quien siempre es fructífero tomarse un café. Tiene mil historias vividas, la piel curtida, las manos fuertes y un rostro transparente. Es guapo y bienhumorado. Está en otra órbita distinta a la mía, y eso me resulta enriquecedor. Podemos empezar a hablar de cualquier cosa, como si nos hubiéramos visto el día anterior, a menudo historias íntimas, y al final pasar la tarde hablando de algo que no tiene nada que ver con lo que al principio nos traía de cabeza, lo que solemos soltar primero para ponernos en antecedentes emocionales (que no siempre amorosos) y aliviarnos un poco. Nos sentamos fuera de los cafés o bares, para fumar, y él conoce a medio Bristol, así que siempre se acerca alguien (el catálogo de amigos/conocidos de Leo es amplio y variado, así que yo disfruto como una enana) a saludarle o a unirse. Dice que le han roto el corazón de nuevo, y aunque sea verdad, creo que en cierto modo no le importa y le hace sentir vivo, mejor que solo. Hoy rezaré quizá a algún dios para que le regale una chiquita que cuide de él como se merece.
Al venir a casa, he vuelto a revisar mi cv, cambiando unas cuantas cosas más, con la certeza de que tampoco esta vez servirá de mucho, y aún no lo he mandado a ninguna parte, pero mañana, prometo que mañana lo voy a hacer. Gato apareció por internet y ha sido guay hablar con él, hacía tiempo que no le veía, y es otro viejo buen amigo (a pesar de que no me gustan los felinos, hoy han salvado mi día!).
Ahora voy a intentar ver Lost, porque después de oír a unas amigas bastante flipadas con la serie, me ha picado la curiosidad. Ya os contaré mis impresiones... Buenas noches,
Navy Blue
Suena – RNE 3
30 de julio de 2008, 23.52
Tengo una carta del landlord, la renta ha subido 15 libras.
He tenido que escuchar las algo patéticas historias de la mexicana (no tenemos mucho que ver estos días..., y a menudo finjo interés cuando me habla, y me siento fatal, por ella y porque pienso en lo mucho que me gustaría estar en esos momentos con una amiga de verdad, escuchando con genuina atención).
Después me he comprado un litro de cerveza en la tienda de al lado, me he subido al cuarto, y me he hundido. En pleno declive estaba, cuando ha entrado en el messenger un muy buen colega de la facultad, y hablando con él ha sido reparador y reconfortante, como un café calentito cuando llegas de patearte las calles en un día helado. No es muy poético, pero es la primera comparación que ha aparecido en mi cabeza. Qué suerte es poder contar con gente así. Si tan solo pudiera tener a todos mis buenos amigos cerca… es una putada esto de hacerse mayor, vivir en sitios distintos, con curros y horarios diferentes. Especialmente aquí, donde todo el mundo está siempre de paso.
30 de julio de 2008, 15.54
Odio los aeropuertos. Los controles, donde suele haber la gente más amargada de todo el personal del aeropuerto. No soporto las salas de embarque. Como si hubiera distinta presión atmosférica aquí dentro, noto el corazón latir, como si alguien me pusiera una mano contra el pecho para frenarlo. Igual que en el juego de Los Sims, mi barra de bienestar baja en cuanto pongo un pie en los cinturones transporta-personas. A menudo me entran ganas de llorar, y respiro profundo para reprimirlas. Me desestabilizan los cambios, dejar un escenario para pasar a otro, me siento sola, las colas me agobian, no soporto mirar a las familias felices, las no tan felices, la gente sola, las parejas, los de clase alta, los que montan por primera vez en su vida en avión; debería ser un lugar para alimentar mi ojo observador, me suelen gustar los lugares donde puedes ver a todo tipo de gente e imaginar cómo es su vida, escudriñar las vestimentas, los ceños fruncidos y las maneras de andar… pero en los aeropuertos no suelo ver a nadie que me inspire simpatía, o afinidad, me siento fuera de sitio y sin pertenecer a ningún lugar.
Muero de ganas de llegar a casa, encerrarme en mi cuarto, y que la noche dure, y me sirva de bálsamo, antes de ir a dormir.
Y mañana, al levantarme, no sé si trabajo, pero no pienso acercarme al restaurante hasta entonces. Me vendría genial un día libre de adaptación. Tengo dos mensajes en el buzón de voz, espero que no sean del ellos diciéndome mi horario.
Mi parte favorita de la jornada de vuelta es cuando me monto en el autobús a Madrid, me pongo a leer un rato, duermo, me como un bocata delicioso de los que me prepara mi madre antes de salir (solomillo ibérico con pimientos verdes fritos, ñaaaammm!), cada uno con su servilletita, y tengo una tregua para relajarme antes de meterme en el metro, arrastrar mi maleta, y tener que hacer el incómodo trayecto hasta Barajas, el reino donde el maleficio comienza.
No vuelvo muy morena, pero sí con algún kilo de más (son bien recibidos cuando las copas, las cenas y comidas han sido en tan buena compañía).
Y llevo una buena temporada, diría que 6 meses o más, con muy poco o nada de sexo, y me he dado cuenta que aún ni lo echo de menos. Ay ay ayyy…
Me quedan veinte minutos para embarcar. Un cigarro más, otro vistazo a una revista, y ya casi estoy…
30 Julio 2008, 2.29
El camión de la basura no me deja oír la radio. Internet lleva jodido dos días y de las 6 conexiones que mi ordenador coge, ninguna está desprotegida, ya es mala suerte… Mañana vuelvo. Tengo miedo y ganas. Muchas ganas de encontrar un buen trabajo, me da igual el dinero (al menos por un tiempo). No quiero pensar más en todo el tiempo de mi vida que temo perdido. Quién sabe, he ganado lo inevitable, imagino, por el simple paso del tiempo: experiencias, grandes amigos, muchas sensaciones, y la madurez que por narices te da tropezar con las mismas piedras una y otra vez. A veces borro todo lo que he escrito porque me parecen tonterías. Y otras, como hoy, creo que lo dejaré. Un intento más, y si tengo algo que decir, permanecerá.
Me parte el corazón (un poco) que mis padres me pregunten si no me apetece encontrar un trabajo “de lo mío”, si no me parecen suficientes ya cuatro años haciendo el payaso, y me da mucha pena no darles más satisfacciones que la de venir a verles. Me jode encontrar a gente que no veo hace tiempo y no tener un gran notición que contarles. Y sobre todo me viene dando congoja hace ya mucho tiempo verme derrotada, haber tirado la toalla, y haberme kind of resignado a una vida corriente con algunos momentos destacables por los que suelo pagar (léase conciertos, noches de copas, viajes). Yo que siempre me he descrito como una soñadora, yo que solía pensar que nada era imposible. ¿es miedo a perder más tiempo o dinero del que ya he malgastado? En realidad me iría mañana mismo al fin del mundo si tuviera un trabajo gratificante, pero me da miedo equivocarme…
Voy a dormir. Tengo que dormir, y me estoy amargando. Este post no vale para nada, no sé qué esperaba conseguir cuando me puse a escribirlo…
Estoy a un día y medio de volverme a Inglaterra. He pasado unas semanas increíbles y me da mucha pena que se hayan acabado. Llegué el 8 de julio y el 10 volé a Nueva York. Al volver me quedé en Madrid para el Summercase, y después me fui a la playa durante tres días, antes de poner rumbo al Contempopranea en Alburquerque. He vuelto anoche, y aún no sé por dónde empezar a contar todas las emociones vividas, los buenos ratos, los conciertos… Pero sé que la vida se saborea más y mejor cuando es intensa. Que no me apetece volver al restaurante, que cuantas más horas de mi vida sean bien aprovechadas, mejor.
Sí que tengo ganas de volver a casa, mi casa allí, poder frenar y pensar, reflexionar, digerir todos estos días, y cambiar de dirección.
Ahora me vienen ganillas de llorar, nostalgia -también porque he vuelto a releer un texto que alguien con quien compartí algunos momentos en junio escribió recientemente sobre la vida en Bristol-.
Pero la cadencia del tiempo es distinta cuando estoy en casa. Será porque no trabajo, porque casi siempre da igual qué hora sea, pero lo he advertido antes, cuando he venido otras veces. Es una de las mil razones (un día las enumeraré todas, pero de verdad que España es un país que os morís, por mucho que nos quejemos) por las que sé que quiero vivir aquí. Me siguen preguntando que cuándo vuelvo, pero es que aún no puedo, siento que tengo mil cosas por hacer, sueños por realizar, y no quiero volver a casa con las manos medio vacías.
Tendría que contar todos los grupazos que he tenido el privilegio de ver derramarse en directo, mis visiones de NY, lo que me he reído estos días y las personas tan únicas que he conocido, porque me imagino que eso es con lo que la gente disfruta más en los blogs; tiendo a pensar que el mío quizás aburre. Pero como tampoco sé si es muy leído me da un poco igual, y me imagino que poco importa, lo uso más por mí, porque es uno de los pocos momentos de tranquilidad en mi vida. Quizá debería parar de intentar hacer mil cosas cada día, y relajarme, pensar, leer más, ver todas las pelis que tengo en cola.
Ahora, de repente, no quiero seguir escribiendo, me he venido del salón a mi cuarto, allí tenía la tele de fondo, y aquí un disco de Nacho Vegas que se llama Lucas 15, y ninguno de los dos me están dejando concentrarme. Es tarde, y quiero poner la radio un rato (siempre tiene que haber algún puñetero “ruido” de fondo en mi vida, para no sentirme sola, o para darle un poco de intensidad a mis vida a menudo anodina).
Quizá ya cuando vuelva a Bristol pueda escribir un post mejor.
No tengo conexión a internet de momento, así que no sé cuando podré subir esto, pero dicho sea que ahora mismo son las dos y media del ya 29 de julio.
Muy buenas noches,
Navy Blue.